Punto de Encuentro. El Legado de los Normalistas

samara"No habrá paz en la tierra mientras perduren las opresiones de los pueblos, las injusticias y los desequilibrios económicos que todavía existen". Juan Pablo II.

Ayotzinapa es hoy sinónimo de luto, de injusticia, de barbarie, pero también de lucha, de dignidad y de esperanza, de saber que por fin algo pudo despertar la aletargada hermandad de la población mexicana, que ha visto con empatía el dolor de las familias de los estudiantes "desaparecidos" y se ha sumado para exigir justicia a un sistema político colmado de corrupción e indiferencia.

 

El México dormido está llegando a su fin, el grito de dolor por lo ocurrido en Iguala parece habernos sacudido, los movimientos sociales encabezados por campesinos, disidentes sociales que siempre pudo aplastar el gobierno sin mayores consecuencias se multiplican, ahora con aquellos que desde un inicio le hicieron ver su suerte al entonces candidato a la Presidencia de la República Enrique Peña Nieto, los estudiantes.

Tal como aquel "viernes negro",  en que lo hicieron padecer en la universidad Iberoamericana, hoy es por la masacre contra los estudiantes normalistas que se vive el peor momento de su gobierno a nivel internacional.

 

El terrible crimen cometido contra los normalistas que fueron secuestrados por policías y hasta la fecha se desconoce a ciencia cierta su destino, se sumó al descontento social por la enorme brecha económica entre los dueños del país, curiosamente políticos o con nexos con el poder en turno y la abundante clase en extrema pobreza, el clima de inseguridad imperante, la corrupción de las instituciones, y un sinnúmero de hechos que enturbian el entorno social.

Pero en esta nueva realidad, esta cambiando algo, cada vez son más las personas a las que le importa, que se indigna y además de eso actúa, y ahora el reto es canalizar esta justa indignación social y empezar a actuar como dejamos de hacerlo, como ciudadanas y ciudadanos comprometidos con forjar una patria más justa, más igualitaria, más pacífica.

 

El camino es la participación social, el dejar de ser espectadores, el dejar de pensar que nuestro actuar no cambias las cosas, y empezar a vigilar, auditar, preguntar a los mandatarios, a los servidores públicos, a urgirlos a que hagan bien si trabajo, porque bien dice la sabiduría popular, "al ojo del amo engorda el caballo", pues es hora de que las y los dueños de México nos la creamos, y cuidemos lo que es nuestro y patrimonio de las próximas generaciones.

¿Cómo empezar? sumate a las iniciativas ciudadanas de tu interés, si algo te interesa saber pregúntalo, exígele cuentas a los funcionarios que al final de cuentas que son tus empleados, di no a la corrupción desde tu área de influencia y empecemos a caminar juntos a un nuevo México.

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