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Mujeres refugiadas sirias expuestas al acoso sexual: AI

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Son explotadas por policías y empleadores en Líbano

Por: la Redacción

Cimacnoticias | México, DF. La falta de ayuda internacional y las políticas discriminatorias del gobierno de Líbano generan condiciones que facilitan la explotación de las mujeres refugiadas en ese país del Medio Oriente, denunció Amnistía Internacional (AI) en un nuevo informe.

 
 
En el reporte “Quiero un lugar seguro: mujeres refugiadas de Siria desarraigadas y desprotegidas en Líbano”, AI advirtió que la negativa del gobierno libanés a renovar permisos de residencia de las personas refugiadas, y la escasez de fondos internacionales dejan a las mujeres en una situación precaria y las expone al riesgo de ser explotadas por personas en cargos de poder, como arrendatarios, empleadores, e incluso policías.
 
“La combinación de una escasez significativa de fondos internacionales para la crisis de refugiados y de las estrictas restricciones impuestas a las personas refugiadas por las autoridades libanesas está alimentando un clima en el que las mujeres refugiadas de Siria corren riesgo de sufrir acoso y explotación, y no pueden pedir protección a las autoridades”, dijo Kathryn Ramsay, investigadora de género de AI.
 
En 2015, Líbano impidió al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) que siguiera registrando a personas refugiadas sirias, e introdujo nuevas normas que dificultaban la renovación de sus permisos de residencia.
 
Sin una situación jurídica adecuada, estas personas pueden ser objeto de detención arbitraria, arresto e incluso de expulsión, por lo que muchas de ellas tienen miedo de denunciar los abusos a la policía.
 
El 20 por ciento de las familias refugiadas sirias en Líbano está encabezada por una mujer. En algunos casos, las mujeres se convirtieron en la principal fuente de ingreso de la familia tras el homicidio, la desaparición forzada o el secuestro de su esposo en Siria.
 
“Sufren una discriminación generalizada y obstáculos importantes para obtener comida, vivienda o un empleo. Para las mujeres refugiadas que sobreviven en estas circunstancias, las dificultades suelen ser aún mayores, pues muchas de ellas –sobre todo las que ejercen de cabezas de familia– corren un riesgo mayor de acoso, explotación y abusos en el trabajo y en la calle”, abundó Ramsay.
 
POBREZA Y EXPLOTACIÓN
 
Alrededor de 70 por ciento de las familias refugiadas sirias viven muy por debajo del umbral de pobreza libanés. La respuesta humanitaria de la ONU a la crisis de refugiados sirios ha contado sistemáticamente con menos fondos de los necesarios.
 
En 2015, la ONU sólo recibió 57 por ciento de los fondos que pidió para su labor en Líbano. Esta grave escasez de fondos obligó al Programa Mundial de Alimentos (PMA) a reducir a mediados del año pasado la asignación mensual para comida que brinda a las personas refugiadas más vulnerables de 30 a 13.50 dólares estadounidenses.
 
Tras una inyección de fondos a finales de 2015, esa asignación aumentó a 21.60 dólares: sólo 0.72 dólares al día. La cuarta parte de las mujeres con las que habló AI había dejado de recibir la asignación para alimentos a lo largo del año pasado.
 
Muchas mujeres refugiadas dijeron que tenían dificultades para afrontar el elevado costo de la vida en Líbano y pagar la comida o el alquiler, lo que las expone a un mayor riesgo de sufrir explotación. Algunas contaron casos en que hombres les habían hecho insinuaciones sexuales inadecuadas o les habían ofrecido ayuda económica o de otro tipo a cambio de sexo.
 
En un clima de discriminación generalizada contra la población refugiada en Líbano, las mujeres que habían conseguido un empleo para mantenerse denunciaban que sus empleadores las explotaban pagándoles unos salarios excesivamente bajos. “Saben que aceptaremos cualquier salario bajo que ofrezcan porque lo necesitamos”, dijo “Hanan”, refugiada palestina de Siria.
 
“Asmaa”, de 56 años, refugiada palestina de Siria que vive en Shatila, un campo de refugiados situado en los suburbios del sur de Beirut, dijo que no dejaba que sus hijas trabajaran por miedo a que sean víctimas de acoso: “Mi hija trabajaba en un comercio. El gerente la acosó y la tocó. Por eso ya no dejo a mis hijas que trabajen”.
 
Varias mujeres contaron también que habían dejado su empleo o no lo habían aceptado porque pensaban que el comportamiento de los empleadores había sido inadecuado.
 
Encontrar dinero suficiente para pagar el alojamiento es otra dificultad significativa. Al menos 58 por ciento de las personas refugiadas sirias vive en departamentos o casas de alquiler; otras viven en edificios en ruinas y asentamientos informales. Aun así, muchas mujeres dijeron que no podían pagar los exorbitantes alquileres y vivían en alojamientos precarios.
 
“Sea porque les pagan menos en el trabajo o porque viven en casas sucias, infestadas de ratas y llenas de filtraciones, la ausencia de estabilidad económica causa enormes dificultades a las mujeres refugiadas y anima a personas que ocupan posiciones de poder a aprovecharse de ellas”, afirmó Kathryn Ramsay.
 
Hoy inició en Londres, Gran Bretaña, la Conferencia de Donantes para Siria, por lo que se espera se incremente la ayuda humanitaria para las personas que huyen de la guerra civil que desangra a esa nación árabe.

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